martes, 16 de febrero de 2010

El que rie último…

...Rie mejor. Y eso es lo que pasó en el Millennium de Cardiff, donde Escocia dominó el partido ante Gales durante 75 minutos. Pero los Dragones sacaron el fuego sagrado, y en los cinco finales le anotaron dicisiete puntos para el 31-24 final, que le significó su primer triunfo en el Seis Naciones.


Si se le comentara a cualquier persona de rugby que el Cardo le ganaba 24-14 a Gales a falta de seis minutos diría que el triunfo era una certeza. De hecho, si se le preguntase al que no le pone tanta atención a la ovalada, la respuesta sería similar. Pero por suerte, la sorpresa se instaló en Cardiff, y nos regaló a todos un partido excepcional, con festejo de los Dragones por 31-24.


“Escocia hizo todo, pero Gales se llevó la victoria”. Así podría titularse en cualquier medio este apasionante choque que se dio en el Millennium, en el que no faltó juego, dinámica, cambios en los estados de ánimo, y por supuesto, emoción hasta el final.

Sería lógico entonces comenzar por el final, momento en el que se resolvió el match. Porque el team de Andy Robinson había redoblado esfuerzos para realizar un correctísimo partido, en el que no dejó jugar a su rival, lo inundó de tackles, tuvo un line perfecto (ganó los suyos y le robó tres a su rival), y cuando atacó, casi no tuvo fallas.

Sin embargo, quedarán dos manchitas que explican la derrota desde la estadística. El primero fue un pase forward de Sean Lamont para Kelly Brown, que se cortaba solo al ingoal, lo que hubiera dejado un parcial de 26-9 sin la conversión, y un casi seguro triunfo.

Igualmente, ese quizás no haya sido tan significativo como el segundo, que desde los números traerá polvareda en el seno del plantel escocés. Porque a falta de seis, y cuando Gales se cargaba de impotencia por no poder entrarle a una defensa impecable (gigantesca labor de la tercera línea), Scott Lawson vio la tarjeta amarilla por una tontería.

En la jornada pasada Alun-Wyn Jones dejó a su equipo con 14 por una zancadilla innecesaria, e Inglaterra se lo cobró con 17 puntos en ese período, y tiunfo 30-17 em Twickenham. Ésta vez, la taba se dio vuelta, y el que aprovechó fue el seleccionado de Warren Gatland, que también anotó 17 puntos en ese lapso.

Allí es donde se entiende una parte del por qué hubo festejo local; la otra, el eléctrico Shane Williams. Porque aunque la televisión haya elegido a Dan Parks (marcó 12 puntos) como el “man of the match”, no contaban con el picante wing, que nunca se dio por vencido, y fue piza clave de las tres conquistas galesas.

En el primero asistió a Lee Byrne para dejarlo solito, en el segundo juntó marcas y generó el espacio que Halfpenny se encargó de aprovechar, pero lo mejor estuvo en el final, y lo tuvo como actor principal. Con la chapa en 24 iguales, el back de Ospreys ganó metros a pura habilidad en el inicio de la jugada, que luego de un par de fases, la definió con festejo incluido debajo de los palos.

De nada sirvieron las anotaciones de John Barclay (topeteó dos tackles y se fue derechito al ingoal) y Max Evans (gran habilitación de Parks con el pie), que de seguro querrán olvidar esta tarde, al igual que Chris Paterson, que la recordará con un sabor agridulce, ya que se retiró lesionado el día que cumplió 100 caps con la casaca del Cardo.

Locura en el Millennium, que estalló en esos cinco minutos del cierre. Incredulidad en todo Escocia, que deseará pensar que esto fue una pesadilla y nunca ocurrió. Lo cierto es que hubo un partido inolvidable, y que quedará grabado para la historia de rugby. Lo mereció Escocia, lo festejó Gales.


Fuente y Fotos: A Pleno Rugby (www.aplenorugby.com.ar)

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